El poder del ejemplo


En más de alguna ocasión has escuchado que la mejor manera de enseñar algo a nuestros hijos es a través del ejemplo. Y aunque es una verdad muy gastada, tanto que la mayoría ya ni le presta atención, hoy quiero recordarte esta gran herramienta que tenemos, que también puede convertirse en un arma de doble filo.


Así es. Todo lo que hagamos con nuestros hijos puede volverse en contra nuestra en algún momento.

Es por eso que debemos enseñar y actuar. Obviamente a muchos padres nos sucede que queremos enseñar a nuestros hijos, justa y precisamente, aquellas virtudes que nosotros no tenemos. Quizá porque queremos que ellos sean mejores que nosotros o que no cometan nuestros mismos errores.

Pero no se puede, créeme, no se puede. No podemos enseñar algo que no practicamos porque se diluye en la teoría, es contradictorio y no tiene nada de autenticidad. Y en esto debemos hacer mucho énfasis, en enseñar a nuestros hijos a ser auténticos, porque desafortunadamente vivimos en una época cargada de mucha mentira, de mucha falsedad. No es raro ver perfiles de redes sociales que nada tienen que ver con la vida real de las personas.

Pero esto no quiere decir que si a nosotros nos falta alguna virtud, a nuestros hijos también le faltará. Nosotros también podemos aprender mientras enseñamos, no es cierto eso de que “ya es muy tarde” o “ya estoy viejo o vieja”. Todos podemos ser mejores en cualquier momento de nuestra vida.

En más de alguna ocasión yo he visto a hijos preguntado a sus madres por qué ellas no cambian, si les exigen a ellos cambiar. Y las mamás responden: “Yo ya estoy vieja, pero vos estás aprendiendo”. Lo siento mamis, las cosas no son así. Todos podemos cambiar, y por cierto, los padres también podemos pedir perdón. Así les enseñamos a nuestros hijos que somos humanos y que también nos equivocamos. De lo contrario les estaríamos enviando el mensaje de que llegados a cierta edad pueden cometer cualquier tipo de error, pues la vejez se lo permite.

No estoy menospreciando la enorme sabiduría que tienen los mayores, lo único que deseo expresar es que todos, a cualquier edad, nos equivocamos de vez en cuando, y que es bueno reconocerlo, pedir perdón y rectificarnos. Y que los jóvenes también, de vez en cuando, tienen la razón. Solo debemos tener un poco de sentido común, un poco de tolerancia y un poco de humildad, para poner en la balanza mis ideas y las ideas ajenas, e identificar cuáles son las correctas desde el punto de vista más razonable.

Creo que me desvié un poquitín del tema. Empecé escribiendo sobre la importancia de dar el ejemplo en lo que se refiere a la educación de nuestros hijos. Ese es el punto. Pidámosles que hagan lo que nosotros hacemos, y nunca tratemos de pedir algo que nosotros no hagamos.

Así no solo serán coherentes en sus actos, sino que también nos ganaremos su respeto.

Este tema me vino a la mente justo este fin de semana, déjeme contarte un poco lo que me pasó:

De lunes a viernes me toca despertar a mi hija muy temprano. Todavía no va a la escuela, pero yo la dejo bañada antes de irme al trabajo, porque no me gusta que lo hagan otras personas y porque la hora del baño es para mí uno se esos momentos claves que las mamás que trabajamos fuera de casa debemos saber identificar y aprovechar para poder establecer ese vínculo afectivo con nuestros hijos. Para mí esos momentos son: la hora del baño, la hora de comer, la hora de jugar y la hora de dormir. Procuremos estar presentes sobre todo es esos momentos para que nuestros hijos sepan que les amamos aunque tengamos que salir de casa varias horas para ir a trabajar.

Son muchas las anécdotas que puedo contarte sobre lo importante que ha sido la hora del baño, por ejemplo, ver a mi hija que me mira fijamente a los ojos mientras le lavo el shampoo del cabello y me dice sin más: “mamá te quiero”, o que me abrace toda empapada de agua mojando mi ropa seca, salpicarnos la cara, platicar de cualquier cosa, etc.

Pero bueno, ¡otra vez me salí del tema! Así soy yo…  Como te decía, me toca despertar muy temprano a mi hija, y lo hago de la mejor manera que puedo, le digo que el sol ya salió, la luna se fue, es hora de despertar, mientras le doy muchos besitos. No tengo problemas en despertarla, cuando me escucha se sienta en la cama y me regala su hermosa sonrisa.

Pero este fin de semana, ella fue la primera en despertar. Se sentó en la cama y me dijo, de la forma más graciosa que te puedas imaginar, como una maestra explicando la lección a sus alumnos, haciendo énfasis con su dedito índice: “Mami, cuando la luna se va y sale el sol, papá se despierta, mamá se despierta, yo también, la Yaya (la abuelita), el tío Carlos, todos. Ya amaneció, poneme los zapatos”.


¡No eran ni las seis de la mañana! Pero ahí estaba mi pequeña hija que aún no cumple los dos años y medio, haciendo conmigo exactamente lo mismo que yo hago con ella.

Como moría de sueño le dije que me dejara dormir un ratito más…pero en seguida me arrepentí de haber dicho eso y me levanté de la cama. Recordé el poder del ejemplo y que si quiero que ella se despierte sin problemas, yo también debo hacerlo. Además les aseguro, que si hubiera seguido con la idea de que me dejara dormir un poco más, ella haría lo mismo. Ya me imagino la escena, yo apurada para ir a trabajar, tratando de despertar a mi hija y ella pidiéndome dormir un ratito más.

Ya sabes…procura siempre enseñar con el ejemplo. Si quieres enseñar algo que no practicas es una buena oportunidad para que lo aprendas tú también.

Feliz lunes y una excelente semana para ti.